La colección de 117 cuerpos momificados en la ciudad de Guanajuato constituye uno de los acervos bioarqueológicos más extensos de América Latina. Estos restos humanos proceden de las criptas del Panteón Municipal de Santa Paula, inaugurado en marzo de 1861.
La administración del cementerio inició las exhumaciones sistemáticas en la segunda mitad del siglo XIX. La legislación local ordenaba el retiro de los restos cuyos deudos no cubrían los pagos de derechos de fosa o gaveta temporal.
El hallazgo de Remigio Leroy y el origen del Museo de las Momias
Los sepultureros del panteón exhumaron el cuerpo del médico francés Remigio Leroy el 23 de junio de 1871. El galeno falleció en 1865 a los 50 años de edad y permaneció seis años en el nicho número 214 del camposanto.
La extracción sorprendió a las autoridades municipales debido a la conservación íntegra de la piel, la vestimenta de lino y el cabello de Leroy. Este acontecimiento marcó el inicio formal del registro de restos áridos conservados.
Las autoridades concentraron los cuerpos no reclamados en el osario del cementerio a lo largo de las décadas siguientes. Hacia 1969, el gobierno municipal habilitó formalmente el Museo de las Momias de Guanajuato, dividiendo posteriormente la custodia del acervo entre ese recinto y el Parador Turístico Sangre de Cristo.
Las condiciones ambientales que propiciaron la momificación natural
La ciencia médica descarta el empleo de embalsamamientos o sustancias químicas en estos cadáveres. La preservación de los tejidos blandos derivó enteramente de factores medioambientales y constructivos de las gavetas.
El emplazamiento del cementerio sobre el Cerro Trozado aportó una altitud superior a los dos mil metros sobre el nivel del mar. La escasa humedad relativa, la circulación de aire seco y la radiación solar constante sobre los muros de cantera y adobe aceleraron la desecación corporal.
El aislamiento hermético de las gavetas impidió la proliferación de fauna cadavérica. La rápida deshidratación detuvo la putrefacción bacteriana antes de la descomposición orgánica, preservando la masa muscular y las prendas.
La comisión del INAH para restituir la identidad a los difuntos
La Dirección de Antropología Física del INAH conformó en 2022 una comisión de especialistas en restos momificados. El equipo, integrado por los antropólogos Carmen Lerma, Israel Lara, Ilán Leboreiro y Julieta Cabriada, realiza un estudio integral de conservación.
Los peritos analizan libros de registro de defunciones, actas del Registro Civil y archivos parroquiales del siglo XIX y XX. La investigación busca determinar la temporalidad exacta de cada cuerpo para definir responsabilidades normativas de custodia patrimonial.
El proyecto científico busca devolver el nombre, la edad y la filiación histórica a cada individuo. Con este proceso, la institución sustituye sobrenombres asignados por la narrativa turística como “La bruja” o “El ahogado” por identidades civiles documentadas.