Los biólogos marinos explican que los peces de agua dulce y los peces de agua salada emplean mecanismos biológicos opuestos para regular el agua en sus organismos. Este fenómeno recibe el nombre de osmorregulación y depende de la concentración de sales presente tanto en el tejido corporal del animal como en el medio acuático.
El proceso físico de la ósmosis determina el movimiento del líquido. El agua fluye de manera natural a través de membranas semipermeables, como la piel y las branquias, hacia la zona que contiene una mayor salinidad para equilibrar las densidades internas.
El proceso de absorción de agua en los peces de río
En los entornos fluviales y lacustres, el cuerpo del pez posee una concentración de sales minerales superior a la del caudal circundante. Por esta razón, el líquido ingresa de forma pasiva a través de los tejidos branquiales y la superficie cutánea sin que el pez requiera beber por la boca.
Para contrarrestar el exceso de hidratación interna, los riñones de los peces de río filtran grandes volúmenes de líquido. Estas especies excretan orina diluida de forma continua para evitar la hinchazón celular y retienen los iones minerales indispensables mediante células especializadas.
Los ejemplares de agua dulce solo captan líquido de forma involuntaria durante la ingesta de alimentos. Su sistema fisiológico prioriza la eliminación de agua y la absorción activa de sales a través de las branquias.
Especialistas en ictiología señalan que especies como la trucha y la carpa perderían minerales si ingirieran agua dulce deliberadamente. Por ello, sus órganos branquiales absorben sodio y cloruro del exterior mediante consumo energético celular.
La hidratación constante en los peces de mar
En los ecosistemas marinos ocurre la situación inversa debido a la salinidad del océano. El medio exterior presenta una densidad salina más elevada que el cuerpo del animal, lo que provoca que el pez pierda agua corporal a través de sus branquias.
Para evitar la deshidratación, los peces marinos beben agua salada de forma permanente a lo largo de la jornada. Su tracto gastrointestinal absorbe el líquido y transfiere las sales hacia el torrente circulatorio para su posterior procesamiento biológico.
Las células de cloruro situadas en las branquias expulsan el excedente de cloruro de sodio directamente hacia el mar mediante transporte activo. Al mismo tiempo, los riñones producen cantidades mínimas de orina concentrada para conservar el agua dentro del organismo.
Especies migratorias como el salmón modifican estos mecanismos a lo largo de su ciclo de vida. Estos peces transforman la función de sus branquias y riñones cuando se desplazan desde los ríos hacia el océano.
Esta diferenciación celular permite a los vertebrados acuáticos subsistir en hábitats con parámetros químicos contrastantes. Organismos científicos como la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) documentan cómo los cambios en la salinidad costera afectan estas funciones fisiológicas.