La Paloma
Tengo una muñeca
Cómo pasó Tropicalísimo Apache de tocar en bodas a vender miles de discos
Los músicos de la Comarca Lagunera fundaron la agrupación Banda Apache durante la década de 1970 en Torreón, Coahuila. En esa primera etapa, los integrantes interpretaban piezas de rock, balada y temas en inglés en celebraciones sociales y bodas locales. El conjunto ejecutaba el repertorio que difundían las estaciones de radio de la época.
A inicios de la década de 1980, los fundadores cambiaron la orientación del proyecto. Arturo Ortiz Solís, trompetista y director musical, encabezó junto a sus hermanos la transición hacia la cumbia tropical con instrumentos de viento. Esta propuesta instrumental definió las bases de la cumbia lagunera en el norte de México.
Los integrantes presentaron sus grabaciones ante ejecutivos de PolyGram Discos en la Ciudad de México. La empresa discográfica aceptó el material y solicitó el cambio de nombre a Tropicalísimo Apache para registrar el catálogo en el mercado comercial.
Del lanzamiento de La Burlona a las certificaciones de ventas
El sello discográfico publicó en 1983 el álbum La Burlona, producción que incluyó diez temas bailables. La distribución de este material abrió la presencia de la agrupación en estaciones de radio del centro y norte del país. Con este álbum, el grupo comenzó presentaciones fuera del estado de Coahuila.
Durante las décadas de 1980 y 1990, los promotores organizaron presentaciones del conjunto en México, Estados Unidos y Centroamérica. Las ventas de sus álbumes generaron diez discos de oro y un disco de platino. Estas cifras correspondieron a producciones como Loco, Bailando Bien y Duro a la Baila.
El catálogo sumó temas como “La hierba se movía”, “Cumbia lagunera” y “Ojitos mentirosos”. La Sociedad de Autores y Compositores de México registró estas obras bajo la autoría de Arturo Ortiz Solís. En 1997, el grupo adaptó en tiempo de cumbia el tema “Talento de televisión” para el disco Magia de Mujer.
Modificaciones en la alineación y catálogo fonográfico
A lo largo de cuatro décadas, la agrupación modificó su formación debido a la salida de músicos fundadores y la llegada de nuevas voces. Las grabaciones mantuvieron como vocalistas a Arturo Ortiz Solís y Víctor Manuel Solís, a quienes se sumaron intérpretes como Gerardo López y Jorge Luis Jiménez en distintas etapas.
La empresa Universal Music administra actualmente las grabaciones maestras que el grupo realizó con PolyGram. Tras el fallecimiento de Arturo Ortiz Solís en octubre de 2024, sus familiares y los músicos integrantes sostienen las presentaciones en vivo de la agrupación.
Qué significa la palabra Aguanilé en la salsa de Héctor Lavoe y Willie Colón
La composición “Aguanilé” forma parte del álbum El Juicio, producción que el sello discográfico Fania Records publicó en 1972. El trombonista estadounidense Willie Colón y el cantante puertorriqueño Héctor Lavoe registraron los créditos autorales de esta pista. La pieza ocupa el quinto lugar en el orden del disco de vinilo.
La palabra central procede del idioma yoruba, lengua originaria de África Occidental que llegó a las Antillas mediante las poblaciones esclavizadas. El vocablo divide su estructura en dos raíces lingüísticas principales. La partícula “aguan” refiere a la limpieza o purificación, mientras que el término “ilé” denomina a la casa, templo o espacio sagrado.
La unión de ambos vocablos conforma la frase “limpieza de la casa”. En las prácticas de la santería y la Regla de Ocha en Cuba y Puerto Rico, los practicantes emplean este concepto durante ritos de purificación habitacional. El texto rinde tributo directo a Ogún, orisha vinculado a los metales, la agricultura y el trabajo físico.
La unión de tradiciones africanas y rezos cristianos en Nueva York
Durante los años sesenta y setenta, los músicos latinos en Nueva York plasmaron las vivencias barriales y las expresiones religiosas del Caribe. Por este motivo, la letra no limita sus versos a las deidades africanas. La grabación expone un sincretismo religioso al integrar plegarias de la liturgia cristiana tradicional.
Héctor Lavoe entona en la sección media la frase en idioma griego “Kyrie eleison”, que traduce “Señor, ten piedad”. La obra suma además menciones a los clavos de la crucifixión de Jesús. Esta combinación muestra la convivencia de la fe católica con el sistema de creencias afrocubano en las comunidades hispanohablantes.
El arreglista Willie Colón introdujo trombones y un solo de percusión a cargo del timbalero Louis Romero y del congüero Milton Cardona para acompañar los cánticos. Tres décadas después, la pieza mantuvo presencia en salas de cine. El cantante puertorriqueño Marc Anthony grabó una versión en 2007 para la banda sonora del largometraje biográfico El Cantante.
Los registros fonográficos conservan esta pieza como una muestra de la documentación de cultos orales trasladados a las grabaciones comerciales de la salsa.
Canciones de reguetón que tomaron sus bases de temas de salsa, dancehall y pop
La producción musical en el género urbano recurre con frecuencia al uso de interpolaciones y samples de grabaciones previas. Diversos productores integran compases, melodías vocales y bases rítmicas de otros estilos para estructurar nuevas canciones. Un recuento audiovisual expone cinco temas del catálogo urbano que basaron su estructura en piezas de salsa, pop y dancehall.
El cantante puertorriqueño Don Omar publicó en 2003 el tema “Dile”, perteneciente a su producción The Last Don. El productor Eliel Lind Osorio incorporó en esta pista el coro de “La Noche”, obra que el compositor colombiano Joe Arroyo grabó en 1988. La versión urbana tomó la frase vocal original para construir el estribillo principal.
El dancehall y la música tropical dentro del repertorio urbano
El cantante cubano Osmani García presentó en 2014 la canción “El Taxi” en colaboración con Pitbull y Sensato. Los realizadores emplearon el patrón sonoro del tema jamaiquino “Murder She Wrote”, que el dúo Chaka Demus & Pliers lanzó en 1992. La pista original utilizó la base instrumental denominada Bam Bam Riddim, creada por Sly & Robbie.
El dúo puertorriqueño Wisin & Yandel presentó en 2007 la composición “Ahora Es”, incluida en el disco Los Extraterrestres. Los intérpretes adaptaron fragmentos líricos de la pieza “Ay cosita linda”, composición que el músico colombiano Pacho Galán creó en 1954. La versión adquirió difusión continental tras la grabación realizada por el cantante argentino Carlos Argentino con La Sonora Matancera.
Samples del pop europeo y precedentes legales en el género
Durante la década de 1990, el intérprete Alberto Stylee y el productor DJ Nelson crearon el tema “Vengo Acabando”. La producción colocó los sintetizadores de “Sweet Dreams (Are Made of This)”, sencillo que el dúo británico Eurythmics editó en 1983. La secuencia electrónica sirvió como soporte rítmico para las rimas en español.
El caso de “My Space”, colaboración entre Don Omar y Wisin & Yandel lanzada en 2006, utilizó los versos centrales de “Enfermo de amor”, obra que el artista panameño Nando Boom presentó en 1991. El uso del fragmento derivó en un proceso legal ante las autoridades de Panamá.
Nando Boom interpuso una demanda por violación a los derechos de autor en 2008 ante el Ministerio Público panameño. Don Omar alcanzó un acuerdo extrajudicial en 2010 con el autor para desestimar los cargos, mientras que Wisin y Yandel resolvieron su situación jurídica posteriormente. El caso sentó registros sobre la regularización de licencias de obras previas en la industria urbana.
El secreto de la flor de cempasúchil: por qué ilumina el camino de los muertos
El legado prehispánico de la flor de cempasúchil
Originaria de México, su nombre proviene del náhuatl “Cempohualxóchitl”, que se traduce como “flor de veinte pétalos”. Para las culturas antiguas, como la mexica, el color amarillo y naranja de esta flor se asociaba directamente con el sol. Por esta razón, la utilizaban en rituales funerarios y ofrendas, con la creencia de que su resplandor iluminaría el camino de los difuntos en su viaje desde el Mictlán, el inframundo.

La leyenda de Xóchitl y Huitzilin también forma parte de este simbolismo. Se cuenta que, tras la muerte de Huitzilin en la guerra, su amada Xóchitl pidió al dios Tonatiuh reunirse con él. El dios del sol, conmovido, la transformó en una flor de un amarillo tan intenso como sus rayos. Cuando un colibrí, manifestación de Huitzilin, se posó en ella, la flor abrió sus veinte pétalos, liberando un aroma profundo. Así, el cempasúchil se convirtió en el símbolo del amor eterno que guía a las almas.
¿Dónde florece el camino de los muertos?
Para que las ofrendas de todo el país puedan contar con esta flor, miles de agricultores trabajan durante meses. El cultivo de cempasúchil comienza entre junio y julio para que la cosecha esté lista a finales de octubre.

El estado de Puebla se posiciona como el principal productor a nivel nacional, con más de mil 500 hectáreas dedicadas a su siembra. Le siguen otras entidades como Tlaxcala, Hidalgo, San Luis Potosí y el Estado de México, donde municipios como Atlacomulco, Tenango del Valle y Texcoco contribuyen de manera importante a la producción.
Más allá del cempasúchil: otras flores para la ofrenda
Aunque el cempasúchil es la protagonista, no es la única flor que adorna los altares. Otras especies complementan el significado de la ofrenda, cada una con un propósito especial.
Terciopelo o Cresta de Gallo
Conocida también como “mano de león”, esta flor de textura suave y color rojo o morado intenso se utiliza para simbolizar el duelo y el luto. Su presencia en el altar es un recordatorio del dolor de la pérdida, pero también de la sangre y la vitalidad de la vida.

Nube o Velo de Novia
Estos pequeños y delicados ramos de flores blancas son un elemento indispensable, especialmente en los altares dedicados a los niños fallecidos. El color blanco representa la pureza, la inocencia y la ternura de sus almas, creando un ambiente de paz y serenidad en la ofrenda.

Crisantemo y Clavel
En algunas regiones, también se utilizan otras flores como el crisantemo, que en muchas culturas es una flor asociada a los cementerios, y el clavel, que simboliza el amor y el recuerdo duradero hacia los que ya no están. La elección de las flores también puede depender de los gustos que tenía en vida la persona a la que se dedica la ofrenda.

Cada flor en el altar de Día de Muertos tiene una razón de ser, un mensaje que trasciende lo terrenal. Juntas, crean un tapiz de colores y aromas que no solo honra la memoria de nuestros difuntos, sino que también celebra el ciclo de la vida y la muerte, una tradición que sigue floreciendo en el corazón de México.
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¿Por qué usamos calabazas en Halloween? La respuesta está en un nabo y una vieja leyenda irlandesa
La Leyenda de Jack O’Lantern: El Hombre que Engañó al Diablo y Creó un Símbolo de Halloween
Cada mes de octubre, las banquetas y las puertas de las casas se llenan de calabazas sonrientes o con muecas tenebrosas. Las encendemos por la noche, creando un ambiente de misterio y celebración. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde viene esta costumbre? Detrás de cada calabaza tallada se esconde una vieja leyenda irlandesa sobre un hombre tan astuto que hasta el mismo Diablo le tuvo miedo.
¿Quién fue Jack, el hombre que engañó al Diablo?
La historia, que ha pasado de boca en boca por generaciones, habla de un hombre irlandés conocido como “Stingy Jack” o “Jack el Tacaño”. Jack no era precisamente un ejemplo a seguir; era un borracho, un embustero y un manipulador de primera. Su fama era tal que llegó a oídos del mismísimo Diablo, quien, curioso por conocer un alma tan retorcida, decidió ir a buscarlo para llevárselo.

Una noche, el Diablo encontró a Jack en una taberna, bebiendo como de costumbre. Cuando le dijo que había llegado su hora, Jack, lejos de asustarse, le pidió un último trago como deseo final. El Diablo aceptó, pero como ninguno de los dos tenía dinero, Jack lo retó a convertirse en una moneda para pagarle al cantinero. El Diablo, soberbio, lo hizo. Pero en lugar de pagar, Jack rápidamente se guardó la moneda en el bolsillo, junto a un crucifijo de plata que llevaba. El crucifijo impidió que el Diablo volviera a su forma original, dejándolo atrapado. Jack solo lo liberó después de hacerle prometer que no se llevaría su alma en los próximos diez años.

Pasado el tiempo, el Diablo regresó. Esta vez encontró a Jack en el campo. De nuevo, Jack usó su astucia. Le dijo al Diablo que, como última voluntad, deseaba una manzana del árbol más cercano. El Diablo, sin ver la trampa, trepó al árbol para bajarla. Mientras estaba arriba, Jack llenó el tronco de cruces, dejando al Diablo atrapado otra vez. Para poder bajar, el Diablo tuvo que hacer una promesa mucho más grande: jamás, bajo ninguna circunstancia, se llevaría el alma de Jack al infierno.
Del nabo a la calabaza: Así nació el “Jack-o’-lantern”
Años después, Jack murió. Como era de esperarse, por su vida de pecados, no le permitieron la entrada al cielo. Sin otro lugar a donde ir, bajó a las puertas del infierno para pedir su lugar. Pero allí se topó con el Diablo, quien, resentido pero fiel a su promesa, le negó la entrada. “No puedo llevarme tu alma”, le dijo.

Cuando Jack se quejó de que no podía ver en la oscuridad y no tenía a dónde ir, el Diablo le arrojó un carbón encendido directamente de las brasas del infierno, un fuego que nunca se extinguiría. Para poder cargar la brasa y alumbrar su camino, Jack ahuecó lo primero que encontró: un nabo. Desde entonces, según la leyenda, el alma de Jack fue condenada a vagar eternamente entre el bien y el mal, iluminando su camino con su “linterna de Jack” (Jack’s lantern, que derivó en Jack O’Lantern).
¿Cómo llegó esta tradición a las calabazas?
La leyenda y la costumbre de tallar rostros en vegetales (originalmente nabos, papas o remolachas) para ahuyentar a los malos espíritus en la noche de “Samhain” (la festividad celta precursora de Halloween) fue llevada a Estados Unidos por los inmigrantes irlandeses en el siglo XIX.

Al llegar a su nuevo hogar, descubrieron que las calabazas, un fruto nativo de Norteamérica, eran mucho más grandes y fáciles de tallar que los nabos. La tradición se adaptó rápidamente, y la calabaza se convirtió en el lienzo perfecto para recrear la linterna del alma errante de Jack. Así, una leyenda irlandesa y un fruto americano se unieron para crear el símbolo más icónico de Halloween que conocemos hoy en día.
Así fue como las calaveritas se volvieron una tradición
Con la llegada del cempasúchil y el pan de muerto, una de las tradiciones más ingeniosas y queridas del Día de Muertos cobra vida: las calaveritas literarias. Esos versos chuscos que nos hacen reír sobre la muerte y que dedicamos a amigos, familiares y hasta a los jefes. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde salió esta costumbre tan nuestra? Para el Día de Muertos 2026, te contamos el origen de esta tradición que nació como una crítica y se convirtió en un pilar de nuestra cultura.
El nacimiento como una crítica social y política
Aunque hoy las vemos como un juego de palabras familiar, las calaveritas literarias tienen un origen rebelde y contestatario. Sus raíces se encuentran en el siglo XIX, una época de grandes tensiones sociales y políticas en México. Antiguamente conocidas como “panteones“, estas composiciones nacieron como epitafios burlescos que se publicaban en periódicos de oposición para criticar a la clase alta y a los políticos corruptos.
Eran una forma de expresar el descontento del pueblo, diciendo a través de rimas lo que no se podía decir abiertamente. Imagínate, en un tiempo donde la libertad de expresión era limitada, usar a “La Huesuda” o “La Calaca” para señalar los vicios y defectos de los poderosos era una válvula de escape llena de ingenio. De hecho, debido a su tono crítico, muchas de estas primeras calaveritas fueron censuradas y sus publicaciones destruidas por las autoridades de la época.
De la sátira a la tradición popular del Día de Muertos
El primer antecedente claro se remonta a 1792, con la obra “La portentosa vida de la muerte” de Fray Joaquín Bolaños, que ya utilizaba la figura de la muerte de forma satírica. Sin embargo, fue hacia 1879 cuando periódicos como “El Socialista” de Guadalajara comenzaron a publicarlas de manera más formal, consolidando su popularidad.
Con el tiempo, lo que empezó como una herramienta de lucha social se fue transformando. La gente del pueblo adoptó la costumbre y comenzó a escribir calaveritas no solo para los políticos, sino también para sus amigos, vecinos y seres queridos. La idea era recordarles a todos, sin importar su estatus social, que la muerte nos llega por igual. Así, la calaverita se convirtió en una tradición más personal y festiva, asociándose directamente con la celebración del Día de Muertos.
Las calaveritas literarias hoy: una tradición que sigue viva
Hoy en día, las calaveritas literarias son una parte fundamental de cómo celebramos a nuestros muertos. En las escuelas, los niños aprenden a escribirlas, fomentando su creatividad y su conexión con las tradiciones. En las oficinas, son el pretexto perfecto para bromear con los compañeros y el jefe. En casa, se comparten en familia, recordando anécdotas de quienes ya no están.
Esta tradición, que nació de la inconformidad, hoy es una expresión de cariño, humor y de la forma tan particular que tenemos los mexicanos de ver la muerte: no con miedo, sino con familiaridad y una sonrisa. Así que para este Día de Muertos 2026, anímate a escribir tus propias calaveritas y mantén viva esta herencia cultural que nos recuerda que, al final, todos bailaremos al mismo son.
Qué significan Hanal Pixan, Xec y Sacbé en las tradiciones de Yucatán
Las comunidades de la península de Yucatán denominan Hanal Pixan al periodo ritual dedicado a la memoria de los difuntos. La expresión proviene de la lengua maya peninsular, donde la raíz hanal designa comida o alimento, mientras que el término pixan refiere al ánima, alma o principio vital de la persona.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documenta que esta conmemoración se desarrolla entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre. El calendario tradicional reserva el 31 de octubre para los infantes (u hanal palal), el 1 de noviembre para los adultos (u hanal nucuch uinicoob) y el 2 de noviembre para la totalidad de las almas (u hanal pixanoob).
A diferencia de las mesas ceremoniales de otras regiones del país, las familias yucatecas incorporan guisos locales cocinados bajo tierra en hornos denominados pib, además de recipientes de barro con atoles de maíz nuevo, agua purificada y flores de xpujuk (cempasúchil silvestre).
La preparación del Xec y su función en la mesa ritual
El vocablo maya xec (o x’ek) se traduce como mezcolanza o revoltura. En el uso cotidiano de la península, la población emplea esta palabra para describir elementos desordenados o combinados de forma simultánea.
En la gastronomía ceremonial de la temporada, el xec consiste en una ensalada fresca elaborada con jícama, naranja dulce, mandarina y jugo de naranja agria. Los preparadores agregan cilantro picado, sal y polvo de chile seco a la mezcla frutal.
Los integrantes del hogar colocan jícaras con xec en los distintos niveles de la ofrenda. Los deudos distribuyen las porciones entre los asistentes a los rezos del rosario al concluir las ceremonias familiares en los solares domésticos.
El simbolismo del Sacbé en la estructura del altar
En la arquitectura prehispánica, el término sacbé (sak, blanco; bé, camino) identificaba a las calzadas de piedra blanca que enlazaban centros cívicos como Cobá y Yaxuná. Estas vías facilitaban el tránsito comercial y las procesiones religiosas en el territorio maya.
En la práctica contemporánea del Hanal Pixan, los pobladores trazan un sacbé mediante líneas de cal, sal molida o ceniza en el suelo de las viviendas. El trazo inicia en la puerta de acceso al patio exterior y concluye al pie de la mesa principal.
Los investigadores señalan que este sendero funciona como una demarcación visual que orienta la ruta de las almas hacia el área de ofrendas. El trazo del camino blanco concluye formalmente con la celebración del Bix o novenario, ocho días después del periodo principal de visita de los difuntos.
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