La profesora e investigadora Petra R. Rivera-Rideau, especialista en estudios culturales en Wellesley College, documentó las convergencias sociológicas entre la salsa clásica y la música urbana en Puerto Rico. En su libro Remixing Reggaetón: The Cultural Politics of Race in Puerto Rico, la autora analiza la forma en que Ismael Rivera y Tego Calderón articularon discursos sobre la identidad afrodescendiente en sus respectivos periodos.
El texto establece un diálogo entre las composiciones difundidas por Cortijo y su Combo durante la década de 1950 y las producciones discográficas editadas por Calderón a principios de los años 2000. Ambos proyectos visibilizaron temas de estrato social en los medios de comunicación masiva de la isla caribeña.
De Cortijo y su Combo a las grabaciones de bomba y plena
A mediados del siglo XX, el percusionista Rafael Cortijo y el vocalista Ismael Rivera introdujeron géneros como la bomba y la plena en espacios televisivos y radiofónicos de San Juan. Hasta ese momento, las instituciones culturales reservaban dichos espacios para formatos orquestales de salón.
El repertorio de la agrupación integró composiciones que abordaban realidades raciales y sociales, tales como «El negro bembón», tema escrito por Bobby Capó. Décadas después, Rivera grabó «Las caras lindas», obra del compositor Tite Curet Alonso lanzada en 1977, la cual describió el origen afrodescendiente de la población caribeña.
Rivera-Rideau expone que el discurso estatal puertorriqueño promovió la noción de armonía triétnica basada en aportes taínos, españoles y africanos. No obstante, el estudio señala que este esquema integró expresiones afrocaribeñas en calidad de folclor tradicional, omitiendo problemáticas de desigualdad económica en las comunidades urbanas.
El reguetón, los caseríos y la figura del cócolo moderno
Durante la década de 1990, las grabaciones de música underground circularon en casetes dentro de residencias públicas y sectores de bajos ingresos en Puerto Rico. En 1993, el gobierno aplicó el plan de seguridad Mano dura contra el crimen, iniciativa que focalizó operativos policiales en los complejos de vivienda donde surgieron los primeros exponentes del reguetón.
En 2002, Tego Calderón publicó el álbum El abayarde, producción en la cual adoptó la autodefinición de «cócolo moderno», término históricamente asociado a los seguidores de la salsa y la percusión antillana.
En piezas como «Loíza», Calderón combinó bases de hip hop con ritmos de bomba puertorriqueña. La letra incluyó demandas sobre educación, justicia y condiciones penitenciarias, manteniendo vigentes los planteamientos líricos que Ismael Rivera expuso cincuenta años antes en el circuito de la salsa caribeña.