Los archivos de la corte imperial de los Habsburgo documentan las rutinas diarias de cuidado físico que mantuvo Isabel de Baviera, emperatriz de Austria. Diversas exposiciones del Museo Sisi en el Palacio de Hofburg conservan los testimonios sobre el régimen estético que la consorte practicó durante la segunda mitad del siglo XIX.
La cabellera de la emperatriz descendía hasta sus tobillos y requería un proceso diario de peinado de casi tres horas de duración. La peluquera oficial de la corte, Franziska Feifalik, recolectaba los cabellos desprendidos en bandejas de plata para informar sobre el estado capilar de la monarca.
Cada tres semanas, el personal del palacio lavaba la cabellera con un preparado a base de yemas de huevo y coñac. La aplicación y el secado de este tratamiento consumían una jornada entera de actividades palaciegas.
Acondicionamiento físico y control antropométrico en palacio
La emperatriz medía 1.72 metros de estatura y conservó registros de peso corporal por debajo de los 50 kilogramos a lo largo de su vida adulta. Su contorno de cintura osciló entre los 45 y los 50 centímetros mediante el uso continuo de corsés de seda y cuero.
Isabel de Baviera incorporó rutinas de ejercicio poco habituales entre las mujeres de la nobleza centroeuropea. La monarca ordenó instalar anillas de gimnasia, barras paralelas y espalderas de madera dentro de sus habitaciones en el Hofburg y en la villa Hermesvilla.
Asimismo, practicaba equitación de alta escuela durante varias horas consecutivas y realizaba marchas a pie a ritmo acelerado por senderos montañosos. Para el cuidado facial, utilizaba emplastos nocturnos elaborados con filetes de ternera cruda y fresas trituradas.
El retiro de la vida pública y el atentado en Ginebra
Alrededor de 1879, la emperatriz suspendió la autorización para realizar nuevos retratos oficiales al óleo o fotografías de su rostro. A partir de ese momento, cubrió su semblante con velos oscuros, sombrillas y abanicos durante sus apariciones en el exterior.
El 10 de septiembre de 1898, el anarquista italiano Luigi Lucheni apuñaló a la emperatriz en el paseo costero de Ginebra, Suiza, con una lima afilada de diez centímetros. La agresión perforó el pericardio y el ventrículo izquierdo del corazón.
El informe forense del médico Louis Mégevand determinó que la tensión del corsé contuvo la salida externa de sangre, lo que permitió a la emperatriz caminar hasta la embarcación de vapor antes de perder el conocimiento. La monarca falleció minutos después en el hotel Beau-Rivage a los 60 años de edad.