Registros hagiográficos del cristianismo oriental preservan la biografía de Marinos, conocido en diversas crónicas latinas como Marina el Monje. La tradición oral y escrita sitúa su vida entre los siglos V y VII d.C. en el valle de Qadisha, territorio del actual Líbano.
Al nacer, su familia asignó a Marinos el sexo femenino. Su padre, un creyente de nombre Eugenio, asumió la crianza individual tras la muerte de su esposa.
Años después, Eugenio decidió repartir sus bienes entre los necesitados para incorporarse a un monasterio masculino. Frente a esta determinación, Marinos rechazó contraer matrimonio, cortó su cabellera y adoptó indumentaria varonil para ingresar al convento de Qannoubine junto a su progenitor.
El superior del cenobio aceptó su ingreso como novicio bajo el nombre de hermano Marinos. Ambos compartieron celda y disciplina ascética hasta el fallecimiento de Eugenio una década después.
La falsa imputación de paternidad y los años de expulsión
Tras el deceso de su padre, Marinos permaneció en la comunidad religiosa desempeñando faenas diarias. Durante un encargo fuera del recinto, pernoctó en una posada local.
Meses después, la hija del posadero notificó un embarazo y acusó formalmente a Marinos de engendrar a la criatura. El abad convocó al religioso para exigir explicaciones sobre el hecho.
Marinos no reveló su anatomía femenina para desmentir la acusación biológica. El abad determinó su expulsión inmediata del monasterio.
El monje permaneció años viviendo a la intemperie frente a los accesos del monasterio. Cuando la mujer dio a luz, la familia entregó el recién nacido a Marinos, quien asumió la crianza y manutención del menor en calidad de padre.
El hallazgo anatómico post mortem y el reconocimiento eclesiástico
Los integrantes de la orden solicitaron al abad la readmisión de Marinos tras observar su penitencia prolongada. La autoridad conventual permitió su reincorporación bajo condiciones de trabajo físico estricto.
Años después, Marinos murió en su celda. Al momento de preparar el cadáver para los ritos funerarios, los religiosos descubrieron que el cuerpo correspondía anatómicamente al de una mujer.
La constatación física demostró la imposibilidad biológica de la paternidad imputada. El superior monástico y la comunidad pidieron perdón público por la sanción impuesta.
La Iglesia católica, la Iglesia maronita y la Iglesia ortodoxa copta inscribieron su memoria en sus calendarios litúrgicos. Los martirologios occidentales fijaron su conmemoración el 18 de junio bajo el nombre de Santa Marina, mientras que la tradición oriental celebra su fiesta el 17 de julio.
En décadas recientes, investigadores de la Universidad de Cambridge y especialistas en historia medieval analizan el caso de Marinos como un antecedente documentado sobre transgresión de género e identidades masculinas en el monacato tardoantiguo.